Calcos en el lenguaje
Como estudiante de una segunda lengua, ya te habrás dado cuenta de que no siempre podemos traducir literalmente de un idioma a otro. Los lenguajes son muy ricos y, aunque a veces apetece decir lo mismo que en nuestro idioma materno, la realidad es que hay diferentes maneras de expresar las cosas.
En el mundo de los préstamos lingüísticos existen muchas curiosidades. Son esas “cositas” que hacemos al hablar cuando manejamos más de un idioma. Por ejemplo, están los falsos cognados, como decir “estoy embarazada” cuando en realidad quieres decir que estás avergonzada (embarrassed). O también cuando surgen confusiones con verbos específicos, como decir “Ana está mala” para expresar “Ana es mala”, puesto que en inglés solo existe el verbo to be para ambas situaciones.
Entre estos fenómenos se encuentran los calcos lingüísticos. A diferencia de los extranjerismos, que son palabras que adoptamos tal cual (como sándwich o el italianismo novela), los calcos mantienen su forma traducida. Como su nombre indica, la palabra “calco” se define como la acción de copiar o reproducir una imagen o, en este caso, una estructura extranjera.
Podemos encontrarlos de varias formas:
- Calcos semánticos: Es cuando copiamos el significado de una palabra extranjera para una palabra que ya existe en nuestro idioma. Un ejemplo clásico es el de “ratón”; antes era solo un animal, pero por influencia del mouse inglés, ahora también es el accesorio de la computadora.
- Calcos léxicos: Aquí traducimos directamente los componentes de la palabra original, como ocurre con “rascacielos” (de skyscraper) o “perrito caliente” (de hot dog).
- Calcos de estructura: A veces traducimos frases completas, como decir “te llamo para atrás” en lugar de “te devuelvo la llamada”, copiando el I’ll call you back del inglés.
Entender estos calcos nos ayuda a ver que aprender español no es solo cambiar palabras, sino aprender a pensar de una forma nueva.
Sofía M.

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