Hablar argentino: cuando las palabras no significan lo que parecen
Cuando empecé a explicar español a extranjeros, descubrí algo curioso: aprender un idioma no significa solamente estudiar gramática y vocabulario. También hay que aprender a sobrevivir a las expresiones coloquiales. Y en Argentina tenemos unas cuantas.
Por ejemplo, hace unos días fui a una fiesta y una amiga apareció con un vestido espectacular. Cuando la vi, me dejó con la boca abierta. No, tranquilos: ¡no me había dejado sin dientes! Simplemente significa que me sorprendió muchísimo.
Después de la fiesta, llegué a casa muy cansada. Al día siguiente tenía que trabajar temprano, pero había dormido poquísimo. Estaba hecha bolsa, es decir, completamente agotada.
En el trabajo, un compañero me contó que había olvidado entregar un informe importante. “¡Estoy al horno!”, me dijo. Y no, nadie lo había metido en un horno. Quería decir que estaba en problemas.
A la hora del almuerzo, una amiga me preguntó si quería ir a un restaurante carísimo. Le dije que no podía porque estaba sin un mango. En Argentina, eso significa no tener dinero.
Más tarde, alguien me pidió que hiciera cinco cosas al mismo tiempo. “¡Pará un poco!”, pensé. A veces necesitamos bajar un cambio, es decir, tranquilizarnos y hacer las cosas con más calma.
Y así descubrí que hablar argentino es un poco como aprender otro idioma… ¡dentro del mismo idioma! Te invito a que las pongas en práctica cuando visites Argentina y sonarás como un argentino más.
Elina chifani
Comprension de lectura

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